Cada vez que alguien busca cómo desarrollar su primera app, se encuentra con tres palabras que el marketing de la industria ha mezclado hasta hacerlas casi intercambiables: híbrido, multiplataforma y nativo. No son lo mismo. Las diferencias importan. Y entenderlas antes de tomar una decisión puede ahorrarte meses de trabajo y miles de euros.
Esto no es un artículo de opinión sobre cuál es mejor. Es una guía sin marketing para entender qué es cada cosa y en qué situación tiene sentido cada una.
Desarrollo híbrido: la web dentro de una app
Un app híbrida es, en esencia, una aplicación web empaquetada dentro de un contenedor nativo. Frameworks como Ionic, Cordova o Capacitor te permiten construir con HTML, CSS y JavaScript una interfaz que después corre en un WebView dentro de la app.
La ventaja es obvia: si ya sabes desarrollo web, puedes construir algo que se instale en el móvil sin aprender Swift ni Kotlin. La desventaja es igualmente obvia en cuanto usas la app: se siente como una web. Porque es una web. El acceso al hardware del dispositivo es limitado, el rendimiento depende del motor del navegador y la experiencia de usuario raramente se integra de forma natural con los patrones del sistema operativo.
¿Tiene casos de uso legítimos? Sí. Aplicaciones empresariales internas donde la experiencia visual no es crítica, herramientas de productividad simple, apps de catálogo. Donde no tiene sentido es en cualquier app que vaya a competir en el App Store por la atención del usuario.
Desarrollo multiplataforma: un lenguaje, dos sistemas
Aquí la cosa se complica, porque bajo el paraguas de «multiplataforma» conviven aproximaciones muy distintas en calidad y filosofía.
Flutter (Google) compila a código nativo y dibuja su propia interfaz con un motor de renderizado propio. El resultado es un rendimiento considerablemente mejor que el híbrido y una consistencia visual notable, aunque el estilo visual puede diferir de las convenciones de cada plataforma. React Native (Meta) usa un puente JavaScript que llama a componentes nativos reales: más fiel a la apariencia del sistema, pero con el overhead del puente y actualizaciones que siempre van por detrás de las APIs del sistema.
.NET MAUI (Microsoft) es la evolución de Xamarin: usa C# y compila a código nativo por plataforma. Es la opción preferida de equipos que ya trabajan en el ecosistema Microsoft.
Lo que comparten todos: dependen de que terceros implementen soporte para las nuevas APIs del sistema. Cuando Apple presenta algo nuevo en la WWDC, los desarrolladores nativos pueden usarlo en semanas. Los equipos multiplataforma esperan meses. A veces un año. A veces el soporte nunca llega con la misma profundidad.
Desarrollo nativo: sin intermediarios
Nativo significa escribir en el lenguaje del sistema operativo, con las herramientas del fabricante, accediendo directamente a todas las APIs disponibles sin ninguna capa de abstracción.
Para iOS: Swift con SwiftUI (o UIKit para apps con requisitos específicos). Para Android: Kotlin con Jetpack Compose. Para Apple en general: Swift en todas sus plataformas, desde iOS hasta macOS, tvOS y visionOS.
El precio es el mismo código no funciona en Android. Necesitas dos equipos o un equipo que sepa ambas plataformas, o decides especializarte en una. El beneficio es acceso completo al hardware, rendimiento máximo, integración perfecta con el sistema y capacidad de adoptar cualquier API nueva el mismo día que Apple la publica.
Cómo elegir sin que te influya el marketing
Hay tres preguntas que definen la decisión:
¿La experiencia de usuario es tu diferencia competitiva? Si tu app compite por la atención del usuario en el App Store, si el diseño y el rendimiento son parte de tu propuesta de valor, la respuesta es nativo. Sin excepciones.
¿Necesitas acceder a hardware o APIs específicas de Apple? Face ID, el Secure Enclave, HealthKit, ARKit, Foundation Model Framework. Si tu app necesita cualquiera de estas cosas en profundidad, el desarrollo nativo no es una opción, es un requisito.
¿Cuál es el ciclo de vida real de esta app? Una app interna con un año de vida esperado tiene otros criterios que una app de producto que vas a mantener cinco años. La deuda técnica de los atajos se paga con el tiempo. Cuanto más larga sea la vida de la app, más caro sale no haberla construido bien desde el principio.
No hay una respuesta universal. Pero sí hay una regla: elige la tecnología en función de los requisitos reales de tu proyecto, no del framework que ya conoces o del que alguien te presupuestó más barato.




